Una reflexión de Adolfo Pérez Esquivel para SERPAJ Chile
Somos parte del todo, no los dueños de todo; una gota de mar es toda la mar y toda la mar está contenida en una gota de agua. Simplemente debemos recuperar en lo cotidiano el aprender a diferenciar que ver, no es lo mismo que mirar… oír no es lo mismo que escuchar. Necesitamos hacer un silencio interior para poder escuchar las voces del silencio, sentir que la vida es un constante fluir de la energía que Dios y nuestra Madre Naturaleza nos prodigan para disfrutar de sus bienes, no para explotarlos. Cuando se quiebra el equilibrio entre la Madre Tierra y el ser humano, se genera la violencia, el poder dominación, provocando guerras y conflictos. Las ciencias y las tecnologías han transformado la vida de la humanidad, del pensamiento, los valores y la forma de comprender el mundo, provocando cambios profundos en las relaciones entre las personas y los pueblos. Los avances tecnológicos han llevado a la aceleración del tiempo, alterando los ritmos naturales, las pulsaciones armónicas entre la Madre y sus Hijos e Hijas. No son los mismos registros de años atrás. El llamado “desarrollo” ha transformado la vida de la humanidad. Debiéramos comprender que los bienes naturales y los recursos no son ilimitados; el ser humano pone en peligro la casa común y la existencia planetaria al no regular y romper el equilibrio que sustenta la vida. El despilfarro de esos bienes, como el agua, que son vitales para la vida, no debemos permitirlo. . La aceleración del tiempo impone nuevas categorías a la humanidad, un culto economicista al dios Molok, donde las grandes empresas, sectores políticos y gobiernos, en su voracidad, privilegian el capital financiero sobre la vida de los pueblos. La velocidad y cambios producidos en nuestra época a nivel tecnológico, cultural, económico y político, ha impuesto distancias, barreras entre el mundo rápido y el mundo lento de las regiones más pobres y marginadas del planeta que sufren la explotación y el saqueo de sus recursos naturales. El gran desafío de nuestro tiempo es “darse cuenta que el mundo natural no es un depósito de bienes que el ser humano puede explotar a su gusto, sin poner en peligro el equilibrio vital de la misma naturaleza”, como señalara. Luis Pérez Aguirre. El ser humano debe salvar el planeta Tierra de la destrucción que llevan adelante las grandes potencias, agudizando las asimetrías y desigualdades, profundizando el hambre, la devastación de bosques, recursos y bienes como el agua, incrementando la pobreza que sufren millones de seres humanos. La FAO señala que por día mueren en el mundo más de 35 mil niños de hambre. Más de dos millones de niños mueren por año en el mundo por falta de agua potable. El agua es un bien que vale más que el oro, el petróleo, los diamantes. Podemos prescindir de esos recursos pero ningún ser viviente puede vivir sin agua. Millones de agricultores necesitan del agua para producir alimentos y alcanzar la soberanía alimentaría, hoy en peligro por la devastación de la biodiversidad y apropiación de los recursos en su diversidad afectando el equilibrio de la misma naturaleza. La ONU ha lanzado un angustiante llamado a la comunidad internacional sobre la escasez cada vez mayor de alimentos. El agua es un bien común de la humanidad, un derecho humano porque cada ser es parte de la gran diversidad de la Madre Naturaleza. También lo son los acuíferos y glaciares, grandes reservas de vida para las generaciones presentes y futuras, esenciales para la vida planetaria, que está sufriendo contaminación, provocado por el cianuro, el mercurio, los agro-tóxicos, las lluvias ácidas y desechos industriales del petróleo y la mega-minería, intensificándose la desertificación y maltrato a la Madre Tierra en diversas regiones del planeta. Los pueblos se encuentran frente a grandes desafíos en este tiempo. Necesitan generar un “Nuevo Contrato Social”, nacido del pensamiento holístico de lo cotidiano. Es necesario restablecer la “palabra”, el equilibrio y los ritmos perdidos, que permitan construir nuevos paradigmas de vida y aprender del agua, de su extraordinaria capacidad de transformación, sin perder la identidad y valores… antes que sea tarde. El proverbio sefardí, dice: “La hora más oscura es cuando está por amanecer” Al Serpaj de Chile, con el abrazo de Paz y Bien. Bs. As. 25 de octubre del 2010
Adolfo Pérez Esquivel (Buenos Aires, Argentina, 26 de noviembre de 1931), escultor, arquitecto y pacifista argentino. En 1980 recibió el Premio Nobel de la Paz por su compromiso con la defensa de los Derechos Humanos en Iberoamérica. Fundador Servicio Paz y Justicia SERPAJ.

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