martes, 9 de agosto de 2011

Juventud e infancia: la tarea pendiente



Por Rodrigo Quezada,
Director Servicio Paz y Justicia Aysén

Es imposible no sentir el bombardeo mediático que trae el mes de agosto, por una parte la televisión y el retail nos venden cientos de alternativas para celebrar el día del niño y por otra parte las calles se llenan de estudiantes exigiendo el derecho a la calidad y la gratuidad de la educación.
Este 12 y 13 de agosto se conmemoran dos fechas significativas para nuestro país, en primer lugar el día internacional de la juventud y por otro lado la ratificación por parte de Chile del convenio de las Naciones Unidas por los derechos del niño, ambas son importantes y ninguna tiene nada que ver con lo que ocurre en las vitrinas o la pantalla de nuestros televisores. Como director del Servicio Paz y Justicia, me parece necesario llamar a la reflexión sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, estas fechas que antes menciono, no corresponden a una estrategia publicitaria para comprar el último pack de celulares, la muñeca o el videojuego con descuento,  si no a algo más profundo. Hace más de 20 años que representantes de todo el mundo se pararon frente a la asamblea de las naciones unidas y dijeron sí, nosotros vamos a trabajar en promover políticas públicas para salvaguardar lo más preciado que tiene nuestro país, sus niños y su juventud.

En esos años, la pobreza y la desigualdad social eran alarmantes, pero más alarmante parece que a más de 20 años el avance haya sido tan poco, en este momento en el mundo existen 130 millones de jóvenes analfabetos y 88 millones de jóvenes desempleados. El día internacional de la juventud se ha convertido en una fiesta en que las instituciones públicas intentan promover algunas iniciativas, como el no consumo de drogas y la educación sexual en jóvenes; sin embargo la tarea es mucho más profunda y queda mucho trabajo pendiente descansando en el congreso, como es el sueño de una educación gratuita  de calidad y un acceso igualitario a la salud, la vivienda y la dignidad.
La violencia, la drogadicción y el abuso, son algunos de los problemas que, sumados a los señalados antes, atacan a los más vulnerables de nuestra sociedad. Hoy 800 millones de jóvenes viven con menos de un dólar diario y 100 millones no concurren a la escuela. La pregunta es ¿Qué estamos haciendo para cambiar este destino?
El 26 de enero de 1990 Chile firmó y suscribió la Convención sobre los Derechos del Niño junto a otros 57 países, 6 meses más tarde  ambas cámaras del congreso la aprobaron  unánimemente, promulgándose incluso como ley mediante el Decreto Supremo 830 del Ministerio Relaciones Exteriores de Chile, el cual fue publicado en el Diario Oficial del 27 de septiembre de 1990. Ese día Chile se comprometió a: no discriminarlos, porque todos los niños nacen libres e iguales en dignidad y derechos; lograr que toda la sociedad y sus autoridades políticas cumplan con sus obligaciones y respeten todos sus derechos; que accedan a las mejores prestaciones de salud y condiciones de vida desde su nacimiento; terminar con el maltrato, el trabajo infantil y cualquier otra forma de explotación; escucharlos y promover que participen en sus propios asuntos y en los asuntos de su familia, escuela, ciudad y país; lograr que todos asistan a la escuela, al colegio o el liceo; impedir que participen en guerras, conflictos armados, luchas internas y actos violentos; hacer los mejores esfuerzos para que dejen de vivir en ambientes contaminados, poniendo en riesgo su salud y la de sus familias.
Tristemente, mientras el tema en agosto es “qué regalarle a nuestros hijos”, casi desapercibidas pasan por los noticieros las imágenes de los niños que mueren de hambre en Somalia, y más aún de aquellos que en nuestro propio país, ciudad o barrio no han recibido nunca un trato digno.
En las páginas de la ONU descansa el verdadero sentido de estas fechas, y cientos de niños en nuestro país aun no cuentan con vivienda, no reciben una educación igualitaria, no tienen acceso a salud de primera calidad, son discriminados por su origen social, son victimas del abuso, el estado no protege el medioambiente en que se desarrollan, aceptando una y otra iniciativa de mercado para represar los ríos o instalar camufladas antenas para telefonía celular. La sociedad hace la vista gorda prendiendo la televisión y haciendo zapping a la censurada realidad.
Hoy en nuestro país los niños y jóvenes alzan la voz para defender sus derechos, esos que hace más de 20 años nuestras autoridades prometieron velar y respetar, hoy ellos salen a la calle, no por ellos, si no por sus hijos, para que en el futuro mediante una educación gratuita y de calidad erradiquemos de una vez por todas la pobreza y alcancemos ese preciado desarrollo. Quizás faltan unos años para que entendamos que ese desarrollo no es económico, si no que apunta a la calidad de vida, y el respeto a la dignidad humana… quizás ese tiempo es ahora.
Nuestras autoridades y toda la comunidad, debemos comprometernos a cuidar la tierra para nuestros niños, luchar para que no sean pobres y por sobre todo, no olvidar que tienen derecho a ser escuchados, la explosión social de nuestros días es el llanto de nuestros jóvenes por un futuro digno, es hora de hacernos parte de nuestro entorno y reconocer que nuestro bien más preciado no es el cobre, es nuestra juventud e infancia.

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